SOCIEDAD Página 24

Pablo Silva dice adiós a la hostelería
tras 50 años al pie del cañón


 

Pablo Silva considera que hay que recuperar la cocina canaria para ofrecer lo mejor que tenemos a nuestra clientela, en especial a la turística.

Lo ha vivido todo en la Hostelería. Empezó como todo el mundo, desde el puesto más ínfimo hasta el cargo más importante. Entre uno y otro lo ha experimentado todo, y ha deambulado por varios establecimientos y creado su propio restaurante. Ahora dice adiós a la profesión, ha cumplido 65 años y se retira.

 

Pablo Silva Suárez es el hombre de marras, un hombre y empresario conocido y reconocido en los diversos ambientes de la profesión hostelera. Sus primeros aldabonazos profesionales como marmitor, una especie de freganchín, un término que no le gusta porque descalifica en exceso a la persona. Ha sido camarero, barman, coctelero, y sobre todo destacado como conocedor de la cocina.

 

Pablo es un libro abierto. En su larga carrera profesional ha trabajado en distintos establecimientos de nuestra isla, cuya nominación sería muy prolija, en Tenerife (Los Rodeos), en barcos y plataformas científicas. Un currante de la mañana a la noche porque siempre la ha gustado este mundo de la restauración.

 

Pasado un tiempo, Pablo Silva después de asociarse con un hermano, se monta por la cuenta, y encaja su negocio en El Goro, el archifamoso restaurante Grill Silva. Un par de décadas ha discurrido desde entonces. El negocio fue muy boyante, y quien más quien menos pasó por allí y degustó los exquisitos platos de su afamada cocina. El restaurante Silva ha sido durante muchos años lugar idóneo para celebraciones de bodas, bautizos y otros eventos significados. Y no fueron pocos los famosos que disfrutaron de sus excelencias, léase Rosa Conde, Roldán, o Rodríguez Doreste, entre otras personalidades, además de las empresariales, muy abundantes en la zona.

 

Pablo Silva tiene clavada la más dolorosa espina que supuso la muere de su hijo Josafat, hace poco más de tres lustros. Habla de la muerte de su hijo con profunda pena, algo que sobrelleva de manera dura. Es la experiencia más dura a lo largo de su vida. La emoción le embarga, y rápidamente se vuelve al tema de su retirada de la hostelería. Momento que aprovecha para agradecer la atención dispensada por clientes, público en general, proveedores y trabajadores, “porque con la participación de todos pude sacar su negocio en El Goro, y también pido perdón por los errores cometidos”.

 

Con todo, Pablo Silva se muestra crítico en algunas cuestiones. “Hay que recuperar la cocina canaria para ofrecer lo mejor que tenemos a nuestra clientela, en especial la turística. Actualmente se encuentra en un estado nada bueno, y entiendo que es posible revivirla. Y si queremos mantener el turismo tenemos que ofrecer nuestros mejores productos. Hay, además, que mimar al cliente, ahora mismo abandonado”.

 

En el tramo final de la entrevista, Silva señala que las autoridades locales no se han significado mucho con su negocio, pero sí ha tenido reconocimientos de Venezuela. “Oh, fíjese usted, solicité la licencia de apertura en su momento y treinta años después todavía no me la han dado”. Hoy el negocio está en manos de nueva gente y confía en que vaya por buen camino.

 

 

Pablo Silva con su hijo Josefat, tristemente desaparecido hace ahora algo más de 15 años. Las lágrimas asoman a sus ojos cuando evoca el recuerdo imborrable de su retoño. Es, dice, la más dolorosa espina clavada en su vida.